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Dr. Hernán Cortés-Funes: Pasión por alcanzar el futuro

Dr. Cortés FunesTratar de resumir algo que tenga que ver con el Dr. Hernán Cortés-Funes y su influencia en la psico-oncología me resulta muy difícil, por lo amplio, y a la vez muy fácil, por lo concreto, familiar y cercano; como tantas cosas en la vida y en nuestra relación.

 

El Dr. Cortés-Funes nació en 1945 en San Isidro, Buenos Aires, en su casa, cerca de sus dos hermanos mayores y sus padres, acompañado por el médico Alfredo Sackmann y la enfermera Clorinda. Esta llegada tranquila y en casa ya deja una huella en muchos aspectos que van a influir en su mirada al mundo y en su aproximación al cuidado médico. Después de él llegarían tres hermanos más. En su infancia, es diagnosticado de una varicela que pone en peligro su vida y gracias al uso de la penicilina, enviada directamente por el Dr. Fleming, consigue salvar la vida.

 

Con esta experiencia aprende a desafiar los pronósticos médicos y confiar en los avances de la investigación. Contaba mi abuela que era un niño despierto, travieso, juguetón y en sus historias se percibía el gran amor y admiración que le tenía. De ella pudo aprender a respetar la naturaleza, a admirar los procesos y a no dejar nunca de aprender.

 

Cuando terminó el colegio, antes de tiempo porque se aburría y decidía hacer dos cursos en uno, decidió irse a estudiar medicina a La Plata. Esta decisión iba en contra de la tradición familiar que estaba marcada por abogados, pero él seguía a su tío materno. Desde entonces nunca ha dejado de estudiar, de investigar, tratando de entender mejor los procesos que llevan al ser humano a enfermar y a sanar. Siempre buscando maneras más adecuadas, caminos más fáciles, procedimientos más exactos, fármacos más efectivos, estrategias más cercanas y humanas.

 

Esta trayectoria y poder empezar la vida en su casa, rodeado del amor de su familia y de profesionales respetuosos y luego conseguir medidas que le salvaran la vida, puede ser el resumen de lo que le ha guiado su vocación, su quehacer, no diría profesional, diría su que hacer vital, porque para él la oncología no es su trabajo, es su forma de vivir. Le he visto dormir poco para estudiar y llegar a todo, viajar mucho para encontrar y divulgar, pensar continuamente para descubrir nuevas rutas, buscar sin descanso los caminos imposibles, hablar con firmeza y compasión, escuchar con atención desde esos profundos ojos azules, acompañar con humildad, visitar al que lo necesita, aliviar los sufrimientos del alma con una mirada firme y una palabra segura, intervenir firmemente bordeando los protocolos, enfadarse con los que se rinden, luchar contra lo que enlentece el cambio, perseguir los ideales de salud, motivar a otros médicos para que se atrevan a soñar, enseñar, sufrir, inventar, descubrir, permitir, abrir, transgredir… y muchas, muchas veces conseguir lo soñado. Y todo esto lo hace desde un optimismo desbordante y contagioso, guiado por uno de los lemas de su vida “Lo fácil me aburre, lo difícil me atrae y lo imposible me apasiona”.

 

Dentro de toda esta manera de hacer uno de sus objetivos siempre fue que el paciente se encuentre a gusto, cómodo, respetado y escuchado en sus necesidades, atendido emocionalmente y se encontró con que la manera en que la atención médica estaba diseñada en España dejaba de lado muchas de estas necesidades de los pacientes y así incorporó al psicólogo en el equipo, cuando esto era bastante raro (1985). Creyó que los psicólogos podían apoyar, investigar, aportar, compartir con los médicos todo su quehacer. Fue incluyéndolos en los proyectos, en las investigaciones, en los protocolos, en los comités, en las intervenciones, en las sesiones y así se fue creando la Unidad de Psico-Oncología del 12 de Octubre, pionera en España, donde hace más de 25 años los psicólogos forman parte del Servicio de Oncología y atienden las necesidades emocionales tanto de pacientes y familiares como de los profesionales. Ha participado en Congresos de Psico-Oncología nacionales e internacionales y los ha impulsado, ha animado a las Asociaciones a contar con los psicólogos, apoyó la creación del Master de Psico-oncología de la Universidad Complutense, ha abierto la puerta para que se incluyan los psicólogos en nuevas áreas como el consejo genético, ha escrito artículos y capítulos y ha animado a todos los profesionales para que tengan una formación de calidad.

 

Durante 17 años, he tenido el privilegio de poder formar parte de este gran proyecto que el Dr. Cortés-Funes ha creado, mantenido y alentado desde su espíritu de colaboración, servicio, lucha infatigable y gran dedicación y preocupación por las personas.

 

Este año ha llegado el momento en que ha dejado la Jefatura del Servicio de Oncología Médica y la que ha sido su casa durante 38 años, el hospital 1º de octubre, actual 12 de octubre. Este paso, como todos, supone también un aprendizaje de vida y deseo que todo lo sembrado y cultivado por él siga creciendo con nuevos proyectos, tendencias y políticas sanitarias que consigan devolver a la sanidad la humanidad traspapelada.

 

Como psicóloga y profesional sanitaria le agradezco su gran labor, en mi nombre y en el de todos los pacientes, familiares y profesionales que se han beneficiado de este servicio, inexistente en otros lugares. Y como hija le agradezco su ejemplo de lucha infatigable y su capacidad de ver y anticipar lo que el futuro nos ofrece.

 

Te deseo un nuevo camino lleno de tiempo para dedicar a lo que quieres.

 

Fabiola Cortés-Funes Urquijo

 

 

December 21, 2016

 

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